- La revolución en el sector de las TIC abre una puerta a un mundo de posibilidades infinitas para la nueva economia social
- En este sentido el emprendimiento tecnológico se presenta como un instrumento muy loable para transformar la sociedad
Al trazar una línea temporal desde el inicio de nuestra civilización hasta el siglo XXI nos encontramos con que el desarrollo tecnológico ha sido, y es, un factor determinante en la evolución del ser humano como especie. Sin embargo, dicho desarrollo sería papel mojado sino hubiera estado ligado al emprendimiento de personas con nombres y apellidos: Carlomagno y la espada, Lutero y la imprenta, o más reciente Steve Jobs y la informática.
Las nuevas generaciones de emprendedores criados en la globalización llegan al mundo empresarial con una mentalidad “diferente”; buscan crear y organizar sus empresas siguiendo modelos más democráticos y participativos y con una mayor preocupación por el retorno social. En esto coincide, Alfred Vernis, profesor del Instituto de Innovación Social de ESADE, quien suma a estas motivaciones “la independencia de ser uno su propio jefe por la insatisfacción de su trabajo, las ganas de montar un proyecto, aportar algo a la sociedad y salir de la zona de confort para emprender”.
Los emprendedores de ahora ya no sólo aparecen en garajes como en Silicon Valley (California) sino que generan startups, ideas tecnológicas que innovan el mercado, que facilitan los procesos o cambian realidades; en parte, gracias al apoyo de inversores que creen en sus ideas. Y, además, ¡crean empleo! Por poner un ejemplo, un reciente informe de CEPES sobre el tema indica que en España los sectores emergentes de base tecnológica representan, en términos de empleo, un 5,6% de la economía española. Este resultado muestra que las startups ya emplean a más trabajadores y trabajadoras que el sector sanitario, cuyo empleo representa el 5,3% del total; que el sector del transporte y almacenamiento (4,9%) o que la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca (4,1%).
En palabras de María Benjumea, fundadora de Spain Startup- South Summith: “Los niños, además de futbolistas, ya quieren ser emprendedores o trabajar en una startup y lo mejor de todo es que el ecosistema emprendedor, tradicionalmente compuesto por startups e inversores, ha ganado un nuevo protagonista clave: la corporación”.
Perfil del emprendimiento
Spain Startup presentó en septiembre, antes del South Summit 2017, el ‘Mapa del emprendimiento en España’. Una de las principales conclusiones de este mapa revela un incremento de la madurez y el desarrollo de las iniciativas emprendedoras españolas: un 9% tiene entre 3 y 5 años de vida y un 19% ya ha alcanzado el nivel de desarrollo ‘growth’.
Igualmente, ha descendido el número de startups que han fallado, un 55% frente a un 62% del año anterior, y la cifra de startups vendidas ha pasado del 34% al 29%. Con estos datos se puede concluir que casi la mitad (48%) de los emprendedores españoles lo son en serie, la misma cifra que en Europa, mientras que Latinoamérica aumenta hasta el 54%. Además, en nuestro país un 4% de emprendedores ha creado más de cuatro proyectos.
Impacto social
La revolución TIC ya es una realidad económica y social muy significativa en España, con una presencia muy relevante en múltiples sectores de actividad, como el agroalimentario, la educación, los servicios sociales o los servicios culturales. Estos últimos, los servicios sociales representan ya el 6,1% de los y las trabajadores/as de los sectores emergentes en base tecnológica en España (CEPES).
La economía social es un nicho de mercado atractivo y en pleno crecimiento. No obstante, pese a su importancia en términos económicos, creación de riqueza y contribución a la cohesión social y territorial es aún desconocida por una gran parte de la sociedad. Lo que conlleva en ocasiones falta de crédito para impulsar y expandir las ideas. Para paliar este problema están apareciendo las denominadas “incubadoras” o “aceleradoras”, estructuras de apoyo a la economía social que tienen la intención de fomentar, asesorar e incrementar la relación de las startups con los fondos de capital riesgo y los distintos agentes que conforman el Sistema de Ciencia y Tecnología (Parques Tecnológicos, OTRI’s, CEI’s Universidades, etc.).
Una de ellas es Social Nest, una fundación de origen valenciano que cuenta con el apoyo de entidades como Obra Social La Caixa o Banco Sabadell; entre otras. En apenas seis años de vida la incubadora ha hecho realidad más de 30 proyectos emprendedores, transformando ideas en empresas responsables. Destacan: Sostenibilidad a medida, Nunna online, Reciclean, o Q´omer.
El Impact Hub es otro ecosistema de innovación social presente en más de 100 ciudades del mundo y formado por 15.000 emprendedores, que pretende conectarse para crear ideas innovadoras. En España cuenta con el Impact Hub Madrid, espacio de referencia en materia de emprendimiento social en la capital desde 2010. También han surgido el Impact Hub Vigo e Impact Hub Donostia. Bajo el techo del Impact Hub Madrid trabaja La Bolsa Social, la primera aceleradora autorizada por la CNMV en España para establecer relaciones entre inversores y empresas con impacto social positivo. Dos de sus empresas fueron incorporadas recientemente al ranking de las 30 empresas más innovadoras de España según la revista Forbes: Nostoc Biotechnologies y Auara.
Un poco más lejos, aunque tan solo a 2 horas y media en AVE, se encuentra Ship 2b en Barcelona. La incubadora aglutina en su seno tanto a instituciones públicas como privadas creando una cartera de inversión de más de 400 entidades y 1,5 millones de euros, la cual ha financiado a día de hoy 89 startups. De la colaboración entre organizaciones también nace Momentum Project, una iniciativa de ESADE, BBVA y PwC, dirigida a promover la economía social en España e impulsar proyectos emprendedores de proyección.
Ante esta radiografía del emprendimiento social y tecnológico, España afronta un futuro más que prometedor. Todo este conjunto de iniciativas nacidas de la colaboración entre organizaciones muestran que el emprendimiento social y tecnológico en España goza de buena salud. A pesar de las barreras que muchas startups pueden encontrar a la hora de buscar financiación el número de concursos, aceleradoras y proyectos no para de crecer, vislumbrando un futuro más que prometedor para el sector.